PRESENTACIÓN DE LOS NIÑOS BAUTIZADOS EN 2011
En la Eucaristía del pasado domingo 29 de Enero vivimos una celebración especial con la presentación y bendición de los niños y niñas bautizados durante el año anterior, adelantando el sentido de la celebración de la Presentación de Jesús en el Templo, cuya fiesta litúrgica es el 2 de Febrero.
Nuestra Misa, ya animada cada domingo con la numerosa participación de los
niños y niñas de la catequesis, se lleno de la sencilla alegría de los pequeños y de sus padres y padrinos. Era una imagen de pureza y ternura que cautivó a todos y nos hizo rememorar los días de nuestra infancia. Qué felicidad transmitían estas diez familias que acudían, como José y Maria, para ofrecer a sus hijos al Señor, consagrados ya por el bautismo, este gesto de confianza y acción de gracias, confirmaba y acogía también la bendición de Dios a estos sus pequeñines de la parroquia. Fue inevitable el feliz desorden de algunos, como sus sonrisas y breves llantos…
D. Antonio también señaló esta condición de alegría al recibirlos en el Templo y en la Eucaristía junto con sus padres, dirigiéndoles unas breves palabras en la homilía, donde manifestaba la importancia de este gesto de la Presentación en la Iglesia y de la figura de los padres como depositarios de confianza y autoridad moral en la educación y desarrollo de los niños.
Tras la celebración compartimos todos un pequeño refrigerio como signo fraterno de este día









En mi caso la tradición viene de mi madre.
El día de la Candelaria llevó a mi hermano que tenía pocos meses. A la entrada de la Iglesia le dieron una papeleta para un sorteo de una tarta, con la gran fortuna de tocarle a ella. Debió de ser un gran acontecimiento para mi familia porque mi padre mando a llamar a un fotógrafo para dar testimonio de tal evento. Yo tenía siete años y aparezco en la foto con una sonrisa de oreja a oreja.
Después de los años yo he hecho lo mismo con mis hijos, y le dije al Señor…
¡Aquí estoy Señor! Y te presento a mi hija/o, soy una madre feliz y quiero lo mejor para ella/el. ¡Protégelo, ayúdale y guíale en su camino. Guíame también a mí en su educación y camino de Fe.
Los hijos, después, deciden qué hacer con su vida, pero nosotros en su día lo dejamos en manos de Dios, y Dios proveerá. La oración será nuestra aliada.